Artes aplicadas
La distinción histórica La separación entre artes «mayores» y artes «menores» se consolidó durante el Renacimiento, cuando los humanistas italianos elevaron la pintura, la escultura y la arquitectura al rango de disciplinas intelectuales, mientras que el trabajo del orfebre, el tejedor o el ceramista quedaba asociado al artesanado y al comercio. Esta jerarquía se mantuvo durante siglos y quedó institucionalizada en las academias de bellas artes fundadas en Europa entre los siglos XVII y XVIII, que deliberadamente excluían de sus programas la enseñanza del diseño textil, la cerámica o la ebanistería. Sin embargo, el término «artes aplicadas» surgió precisamente para reivindicar la dignidad artística de esas prácticas y subrayar que aplicar el arte a los objetos de la vida no es un rebajamiento, sino una extensión lógica y necesaria de la creatividad humana.
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